Equipo

Temis nació con un par de amigos aficionados a la IA.
Temis empezó como casi todo lo que importa: en una plática larga, en un viaje, entre amigos.
Uno de los dos arrastraba esa historia que todos los mexicanos conocemos —el policía de tránsito que te detiene en una esquina cualquiera para sacarte dinero—. El otro había intentado emprender y se encontró con esa otra cara del mismo problema: contratos, permisos, obligaciones fiscales, todo escrito en un idioma que claramente no era para él. Dos versiones distintas del mismo país.
La ley existía. El acceso no.
Por otro lado, los dos llevábamos años obsesionados con la inteligencia artificial. Los dos estudiamos Ingeniería en Computación en la Facultad de Ingeniería de la UNAM y Ciencia de Datos en el IIMAS. Los dos hicimos PROTECO —que para los que no saben: es ese programa de la UNAM en el que entras pensando que sabes programar y al mes te das cuenta de que no—. Los dos terminamos fundando clubes ahí mismo: uno la SIAFI (la sociedad de IA de la facultad) y el otro el CPCFI (programación competitiva).
En ese viaje empezamos a hilar las cosas. Resulta que teníamos mucho más en común de lo que pensábamos. Y se nos ocurrió que podíamos hacer algo con todo eso: tomar un problema que de verdad le pasa a millones de personas en este país, y atacarlo con el rigor y el oficio que aprendimos en estos años.
Pero ahora teníamos un problema: éramos dos ingenieros. Sabíamos de algoritmos y de IA, pero del derecho mismo no teníamos idea. Le marcamos a un amigo de la prepa que trabaja en el Google de los abogados y se sumó al equipo el mismo día como nuestro asesor jurídico.
Lo que queremos hacer es bastante simple, dicho en una frase: tecnología de punta en México.